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Historia.




OCUMARE DEL TUY Y LA INDEPENDENCIA




            Mucho se hablado de la Victoria y todavía queda bastante que decir, porque ese acontecimiento de la célebre Batalla, es una de las páginas más brillantes en el acontecer histórico de la Patria, cuando el impetuoso adalid caraqueño, José Félix Rivas, triunfador de Cúcuta, Niquitao, Los Horcones, y Vigirimas, hechos gloriosos de la Campaña Admirable con la cual el Padre de la Patria gano el titulo de Libertador, se interpone a José Tomás Rodríguez Boves, digamos así, con un puñado de valientes pero imberbes muchachos pertenecientes a los seminarios de Caracas y que rinden sus vidas en aras de esa libertad que tanto clamaba el pueblo Americano.
            Ribas en el centro de la plaza, en su cabeza el Gorro Frigio, símbolo de la República, arengando así a su joven tropa.
            “Soldados: lo que tanto hemos deseado va realizarse hoy; he ahí Boves, cinco veces mayor el ejercito que trae a combatirnos; pero aun me parecen escasos para disputarnos la victoria.  Defendéis del furor de los tiranos la vida de vuestros hijos, el honor de vuestras esposas, el suelo de la Patria; mostradle vuestra omnipotencia.  En esta jornada que ha de ser memorable, ni aun podemos optar entre vencer y morir: necesario es vencer.  ¡Viva la República!”.
            Allí en ese campo inmortal se cubrieron de gloria, Ribas, Rivas Dávila, Campo-Elías, Montilla, Ayala, Flores, Soublette, Lugo, Salías, Mora, Malpica, Álvarez, Plaza, Correa Ruiz, Díaz,  España, Muñoz, Carreño y otros que cayendo en una muerte gloriosa, y llegando otros, los menos hasta el fin de aquella heroica lucha.
            Este apoteósico triunfo, cantado en forma brillante en una prosa pura de contornos homéricos y virgilianos por Don Eduardo Blanco en su obra “Venezuela Heroica”, la cual fue prolongada por el Apóstol de la Libertad Cubana, José Martí, es solo un preámbulo del sacrificio y capacidad combativa de la juventud venezolana, porque es Ocumare del Tuy el teatro donde se escenifica el clímax de la inmolación, donde más de 1.000 jóvenes son muertos, cuando en tres oportunidades  prestan combates desiguales al despiadado y sanguinario depredador Francisco Rosete.
            Ocumare del Tuy no entra en la Historia, aunque ya está ubicado en ella por las peripecias de su conquista y fundación, como en caso fortuito no entra en los anales  históricos gracias a su situación geográfica y por ser el granero y despensa natural de Caracas.  Geográficamente, como ya es conocido, está situada al Pie de la Serranía del Interior, único obstáculo para la fácil comunicación con el sur de Aragua y los Llanos, Centrales, es por esta sobrada razón que Boves en su guerra de exterminio y deseo vehemente de tomar Caracas, utiliza la estrategia bélica de pinzas envolventes; una a su mando que saliendo de Calabozo, seguirá por la Villa de Cura pasando por Cagua y la Victoria Hasta llegar a Caracas, la otra se la encomienda al pulpero de Taguay, el Canario Francisco Rosete, para que invada los Valles del Tuy y obstaculice el envió de batimentos a la ciudad de Caracas y evitar cualquier contraataque que pudiera realizar los Patriotas a su retaguardia.
            Antes de narrar los hechos relacionados a Ocumare del Tuy, veamos quien era Francisco Rosete.
            Un jefe digno de las turbas que guiaba sin mandarlas. Rechoncho, de una Blancura Sucia, de andar convulsivo, coronaba le una calva innoble; dos ojos desiguales y saltados que asechaban desde sus sienes, y arrojaba de los abismos de su pestilente boca amenazas y blasfemias.  El crimen abyecto había encontrado su figura; el delirante, el bufón, el energúmeno y ebrio que tenia cólera frenética y sanguinaria, los cuervos le seguían por el olor… “¡Triunfante eso! No; el crimen no es filtro que esfuerza y vigoriza, sino el veneno que emponzoña y mata”. Tal es el Retrato que dé él hace Juan Vicente González.
            Durante el año 1813, Rosete permanece oculto temeroso de ser perseguido por los Patriotas, a quien tanto ultrajo en la época de Monteverde, apareciendo después como pulpero en la Población de Taguay al sur de Aragua; por medio de otro asesinó, Antojanza, conoce a Boves, de quien logra su pretensión y por su condición de Español lo nombra comandante del pueblo de Camatagua y más tarde le encomienda azotar los Valles del Tuy, para así desarrollar la pinza envolvente de Caracas.
            En la madrugada del 11 de febrero de 1814 trasmonta la Fila Maestra y cae al valle que fertiliza el rio Tuy,  Ideado un pueblo de agricultores, cuyas armas es el azadón, la escardilla y el machete, instrumentos de su afán labrador, manos encallecidas y piel oscurecida por el sol, en un ir y venir de faenas, para abrir el surco, aporcar la siembra y cosechar los frutos de su diario sustento dando vianda a los demás; ese es el pueblo que saquea, viola, incendia e inmola en el alba no luminoso sino del luto del amanecer de ese aciago día 11 de febrero.
En honor a los caídos.
            La Tropa comandada por Rosete estaba compuesta de insulares y bandoleros esclavos protegidos para esa acción, rodeándose así de lo más vil, soez e infames de cuanto pudo haber a las manos; eso era su tropa, hordas de espíritus satánicos, ante las cuales figuraba él como Jefe, con su segundo, un isleño tan perverso como él y que era conocido como el Niño Áurico, el cual no pudiendo excederle en maldad, se regocija con igualarle.  Esa era la turba desenfrenada, compuesta por hombres desalmados, sin religión, sin familia, sin patria; acometidos por los instintos de lujuria, del pillaje, del asesinato, de la venganza, del robo; armados del puñal asesino y de la tea incendiaria, dirigidos por un comandante que les concede licencia para satisfacer insanos apetitos. “Imaginaos una turba enfermiza y famélica, en posesión de un pueblo rendido, indefenso, que ruega al Dios de la misericordia; al verse entregado al saqueo y a la muerte.  Por un lado viese a los desgraciados, a las madres, a los niños, a los ansíanos, a los enfermos que gritan, lloran, suplican, se desesperan al ser testigos y víctimas de la matanza que mancha de sangre casas, calles, plazas, templos.  Por el otro, verse a la turba que sacrifica sin piedad, que grita y se ríe, aplaude; es vencedora.  Si el brazo sacrifica vidas, la boca vomita maldiciones y obscenidades.
            Insepultos y mutilados, troncos de niños, ancianos y mujeres; puertas, ventanas, muebles despedazados, el Templo de Dios Vivo profanado, sus puertas hechas pedazos con el hacha homicida; sus naves salpicadas con sangre inocente; sus Altares ¡qué horror! ¡Qué abominación! El lugar destinado al suplicio que sacrifico con su sacrílega mano el feroz e inmoral Rosete.  Tal es el espectáculo horroroso que he presenciado al llegar al desgraciado pueblo de Ocumare del Tuy”.

Cristóbal Rojas, El Pulgatorio
       “El corazón palpita; la humanidad gime; la mano tiembla al trazar el sanguinoso, el horrible cuadro de un pueblo infeliz entregado a las llamas, al saqueo, a la torpe brutalidad de unos monstruos… El padre oía los gritos penetrantes de las hijas sacrificadas y extendía sus brazos paternos para recoger los últimos suspiros y recibir el golpe funesto que conducía entre ambos al sepulcro.  El esposo veía a la esposa entre los brazos del asesino que le arrancaba a un tiempo el honor y la vida.
         El inocente niño huía despavorido; mas no escapa a las manos sanguinarias que habían jurado el exterminio de aquel pueblo infeliz.  En vano huye el anciano inerme y busca asilo en la casa de Dios de los cristianos: el español Rosete le persigue hasta el pie mismo del Ara Sacro santa.  Allí le inmola y riega el santuario con sangre americana.  Infame detestable español; el Ser Supremo, cuyo templo has profanado, y que presenciando tus crímenes horribles, con su dedo inmortal ya ha señalado el momento de tu ruina.  Las manos de las victimas invocan venganza.  Antoñanza, Suazola, Martínez expiaron ya sus enormes atentados; y ¿Qué podrá escapar de la venganza de los cielos y al furor del brazo americano, el asesino de tantos inocentes?  Las espantosas escenas que se vieron en el descubrimiento de América; aquellas escenas de sangre que presentaban pueblos enteros de indios inermes,  sacrificados a la rabia española, se han vuelto ver sobre el teatro del mundo”.
            Los horrores cometidos por Rosete en Ocumare de Tuy, pronto se propagaron por el valle y fue tanto el pánico que cuando llego a Charallave, lo encontró desierto, Caracas era un caos, debido a las noticias recibidas y en los primeros momentos solo pensaron en una invasión, y enseguida hicieron cortadura, fosos y parapetos en todas las calles que rodeaban la plaza mayor, como último intento de defender a la ciudad a como diera lugar.
            Ribas, ya preparado y conociendo que Bolívar marchaba hacia los valles de Aragua con las tropas que había logrado reunir en Valencia y que eso bastaba para mantener en jaque a las que Boves organizaba de nuevo en Villa de Cura, sale de Caracas, remonta la cortada, baja por los Peñones, serpentea la quebrada llegando al placer, entrada obligada de Charallave, era el 20 de febrero. Ribas hace contacto con las tropas de Rosete, la cual estaba guarecida en fuertes posiciones, pero tal fue la pericia desplegada por el vencedor de los tiranos en la Victoria y después de una hora de duro fuego, los expele poniéndoles en completa derrota.  He aquí el parte oficial enviado a Caracas por el General en Jefe José Félix Ribas”.
            “Las Armas de Venezuela siempre triunfantes,  acaban de tener la gloria de haber derrotado completamente al pérfido Rosete en su cuartel general de Charallave con ochocientos o mil hombre.  Como su situación es ventajosísima, creyeron hacerse firmes y sacar todo el partido posible de que eran capaces, si las tropas de la República no tuvieran siempre el valor preciso para superar los obstáculos.
            A las 12, nuestras tropas se encontraron con una avanzada en el sitio de Potrerito y fue abatida: le tomamos los fusiles y todos los caballos ensillados en que hacían guardia; a las 2 de la tarde, llegamos frente a este pueblo y haciendo desfilar cien hombres de Infantería y cincuenta Carabineros por la hacienda de cacao de los Alvarenga, para que los atacasen por la retaguardia, di orden al ejército para que inmediatamente esta división rompiera fuego y atacase  de frente con todas las fuerzas: efectivamente sucedió así: pero con tan buen éxito, que aun no habían cumplido una hora de fuego, cuando ya se había decidido a nuestro favor, tomándoles el pueblo y poniéndose ellos en una vergonzosa fuga: Uno siquiera pudo tomar el camino de Ocumare ni Santa Lucia.  Todo el que no ha sido prisionero, muerto o herido, se ha encumbrado por la serranía cubiertos de lanzas, caballos y cadáveres.  A pesar de contener las tropas, no ha sido posible que ellos hallan perdonado a la mayor parte de los prisioneros, con todo quedan algunos en nuestro poder; el enemigo a dejado en nuestras manos cuanto tenían, nada ha podido escapar.
            En este momento despacho para tomar posesión del pueblo de Ocumare, en donde dejo Rosete un piquete de cincuenta hombres; pero temo no poderlos recoger, porque también se habrán dispersado ya.
            Queda por consiguiente la República en posesión de los Valles de Tuy. Sus enemigos han sido castigados y nuestras tropas, después de que hayan espulgado sus fértiles riveras, marcharan a incorporarse a la Victoria, para allí tratar de escarmentar al pérfido Boves.
            Los Baúles de Rosete, su correspondencia, sus municiones, fusiles y su única pieza de artillería, la dejaron en nuestro poder.  De esta manera castigan nuestras tropas siempre valientes, la audacia de los que intentan subyugar a Venezuela.
 
             Por nuestra parte hemos tenido dos muertos y siete herido, todos soldados.  Por la orden del día de ayer, tomada al enemigo, sabemos que su designio era marchar con todas sus fuerzas a tomar la Capital.  Nuestras tropas se han conducido con el mayor valor: de modo que sería agraviar al último soldado, si yo recomendase siquiera uno.
            Dios guarde, etc. Charallave, 20 de febrero a las 6 de la tarde. José Félix Ribas”.

Batalla de Carabobo Martín Tovar y Tovar Palacio Federal de Caracas
        
             Al saqueo a seguido la destrucción, a la destrucción el incendio.  Tal fue el triunfo de Rosete.
         Pasead ahora la mirada por este campamento de desolación, por todas partes, en las casas, ventanas, puertas, calles, plazas, templos, tropezareis con fragmentos de cuerpos humanos, con manchas de sangre, con despojos informes, con escenas repelentes. Aquí hay un brazo, haya una pierna, mas haya cuerpos descabezados, cadáveres de hombres y mujeres que fueron degollados.  La crápula y el asesinato no tuvieron jamás orgia más pavorosa y prolongada.  Ese fue el triunfo de Rosete.  Veamos las narraciones aparecidas, para esa fecha en la Gaceta de Caracas.
Leamos el oficio del Padre Juan Orta, al Provisor y Vicario General, fechado en Ocumare el 22 de febrero de 1814; El cual dice así:
“Pongo en noticias de U.S. como el 11 del corriente fue atacada esta plaza por una multitud de forajidos, acaudillados por bárbaro y sanguinario Rosete.  Tuvo la desgracia de sucumbir de tal modo que sus consecuencias exasperan el espíritu humano, sobre trescientos  cadáveres de personas de representación y adhesión a nuestra libertad, cubren las calles, fosos y montes de sus inmediaciones.  El clamor de las viudas y de los huérfanos es tan general e irremediable; pues todo el pueblo fue saqueado y robado hasta no dejar cosa alguna útil, necesaria al descanso, conservación y comodidad de la vida.  El corazón menos sensible y cristiano no puede ver sin dolor el cuadro triste y pavoroso que dejo trazado la barbarie y rapacidad de unos inauditos, y que serán al oprobio y degradación  de la naturaleza racional”.
      “Pero no es esto solo lo que asombra y horroriza: El Santuario de Dios Vivo fue violado con el mayor escándalo e impiedad.  La sangre de tres víctimas inocentes acogidas a la inmunidad sagrada, riegan el pavimento; José Ignacio Machillanda, en el Coro; José Antonio Rolo, en medio de la Nave Principal; Juan Díaz, en el Altar Mayor.  Sus puertas todas cerradas con cuatro sacerdotes, que unidos al bello sexto dirigían sus votos al Altísimo, fueron descerrajadas con hachas; y entrando en el, hicieron otro tanto con las arcas que guardaban las vestiduras sagradas”.
Otra narración dice así:
“Hemos vistos despedazados los delicados miembros de infantes, hemos reconocido los despojos sangrientos del anciano, un tronco descabezado envuelto en el habito eclesiástico”.
“¿Que habéis hecho de las mujeres del Tuy? Confundidas con los demás; sus cadáveres retratan sus tormentos, los indicios detestables de vuestra brutalidad.  La indignación no permite seguiros en la interminable carrera de vuestras atrocidades, de vuestro impúdico desenfreno.  No imploro vuestro furor, pero para referir vuestros excesos, necesaria la insensibilidad que tenéis para ejecutarlos”.
“El seno virginal mutilado; el anciano y el sacerdote arrastrado por los cabellos, los ojos y las entrañas del niño arrancados; el  labrador  desollado, los síntomas del veneno sobre otros: he aquí las crueles torturas que el genio español ha inventado”.
“La presencia del crimen y de la desgracia, arroyos de sangre, cadáveres insepultos, tal es lo que queda de Ocumare”.


RIBAS ENTRA EN OCUMARE


           
            José Félix Ribas, después de rendir el parte militar, le concede  a sus tropas un pequeño descanso, y dejando consolidada su posición en Charallave, prosigue su marcha hacia Ocumare, llegando al día 21 de febrero, y solo encuentra un silencio sepulcral, consecuencia fatal de la inútil y barbará crueldad puesta en práctica por el asqueroso Francisco Rosete; el espectáculo que observa lo hace sobrecogerse y al hacer su participación a Caracas, escribe para la posteridad.
“Los horrores que he presenciado en este pueblo, al mismo tiempo que me estremezco de compasión, me hace jurar un odio implacable a la ferocidad de los carnívoros españoles; el nombre de esa nación siempre barbará, debe grabarse en el corazón de los americanos, para que nuestras futuras generaciones la vean con la execración mayor.  Mas de trescientas víctimas inocentes han sacrificados a su ambición, entre ellas una tercera parte del bello sexo, y niños: montones de cadáveres de hombres despedazados es el espectáculo único con que han dejado adornadas las miserables calles, haciendo presenciar al marido la muerte de la esposa; a la madre la muerte del hijo; descargando el acero después sobre ellos, sin permitir siquiera el recibir los auxilios espirituales, por más que los miserables clamaban por este solo bien.  Los excesos cometidos en la Villa de Aragua, en San Juan de los Morros, en otras partes de nuestras provincias, solo habían bosquejado en ellos, lo que debían poner en ejecución en este desgraciado pueblo”.
En esta fatal acción, en el altar de la iglesia, caen degollados, Don José Ignacio Machillanda y el sacerdote José Antonio Rolo; mientras que en la plaza, cae abatido el profesor de latín, José Domingo Cáceres.
Don José Ignacio Machillanda, era el padre del médico cirujano Joseph Matheo Machillanda y dueño de la Heredad Machillanda.  La mencionada heredad de la familia Machillanda existió durante muchos años y hoy perdura con el nombre de Hacienda Machillanda, está situada al oeste de la población y fueron muy famosos por las sabrosas naranjas que en ella se cosechaban.
José Domingo Cáceres, es el padre de la heroína Luisa Cáceres de Arismendi.
Una tregua de 23 días da el cruel Rosete a la infeliz ciudad ocumareña, pues el día 6 de marzo invade nuevamente la población, y a pesar de un armisticio que le ofrece el venerable Don Pedro de la Vega, jefe militar de la plaza y después de un almuerzo que le da para celebrar  la concertación del acuerdo, el asesino vuelve a las andadas y sacrifica al Sr de la Vega, a Don Mauco y a varias damas que se hallaban presentes en el fatídico agasajo, dando así, rienda suelta a sus crímenes, y de nuevo Ocumare es inmolado.
En Caracas todo es confusión y desaliento, el 13 de marzo, el General Juan Bautista Arismendi, sale de la Capital al frente de 800 hombres, donde iban hasta niños entre 13 y 14 años, con el fin de dar batalla al criminal Francisco Rosete, el día 14 están a las puertas de Ocumare, donde son destrozados por los 3.000 hombres que comandaba el isleño asesino, a duras penas logran escapar unos pocos, quedando en manos del enemigo todo, el armamento, municiones y equipaje.
Ocumare de nuevo es un escenario de dolor, aun se oyen los gemidos de aquellos que no tuvieron la suerte de morir instantáneamente, los horribles cuadros se suceden unos tras otro, se ve aquí un niño degollado, haya un hombre descabezado, ahora una masa informe de despojos humanos; Ocumare es el teatro donde se ha consumado la más espantosa de las venganzas.  Dentro de ese cuadro dantesco, yace un niño de 13 años, su nombre, Félix Cáceres, quien había insistido en acompañar al General Arismendi, para vengar la muerte de su padre José Domingo Cáceres, quien había sido asesinado por Rosete, pero cae prisionero y es ajusticiado por los mismos asesinos de su padre, como ya es conocido este pequeño héroe, es hermano de la heroína Luisa Cáceres de Arismendi.
Como se sabe Rosete, Rosete había logrado desbaratar en Ocumare del Tuy las fuerzas con que los Patriotas trataron de defender la Capital el 15 de marzo, apoderándose así de todo el territorio, había fijado su cuartel general en la Villa de Ocumare, al mando de 3.000 hombres.  La historia no encuentra palabras con que pintar los horrorosos hechos de este bárbaro caudillo: “Los más feroces salvajes son ángeles junto a él y sus mismos cómplices tiemblan en su presencia y temen su ira”.
La situación de Caracas era desesperante, pues apenas contaba para defenderse con un escuadrón de civiles a las órdenes del Comandante, José María Jiménez, pero en tan critica ocasión, la energía y prestigio de Ribas, a pesar de estar enfermo, se hizo conducir en una silla de manos, y en menos de 24 horas se pusieron en estado de tomar la ofensiva.
Con 300 Patriotas que condujo Montilla oportunamente enviados desde San Mateo  por el Libertador, los lanceros de Jiménez, los estudiantes de la Universidad y del Seminario, jóvenes todos de las primeras familias de la Republica, que en masa se presentaron pidiendo armas apara combatir en defensa de la sociedad tan seriamente amenazada, y el cuerpo de artesanos no menos entusiastas y decididos de aquella heroica juventud, se formo así una provisión de 900 combatientes.  Se dio como jefe a la Infantería al distinguido Coronel Leonardo Palacios, y  de la Caballería al Comandante José María Jiménez.  Se nombro Jefe del Estado mayor al Coronel Mariano Montilla y Comandante en Jefe del cuerpo expedicionario al invencible José Félix Ribas. “En cuyo corazón no tuvo entrada el miedo”.
Ribas que se había hecho acompañar con la música de Lino Gallardo, acampa el día 19 en la Hacienda Machillanda, refugio de los Patriotas ocumareños, el día 20 hace contacto con las huestes de Rosete y al compas de las gloriosas notas  del Gloria al Bravo Pueblo, dirigidos los músicos por su autor Lino Gallardo, inicia el ataque.
Era conveniente para Rosete esperar a Ribas en la Sabana donde hubiera maniobrado con éxito su caballería; pero el asesino huyo y se parapeteo en el pueblo, y al estar informado de quien era el hombre  que iba a caer sobre él, pensó más en la fuga que en el combate. Ribas comenzó con sorprenderlo con la música que trajo desde Caracas, cuyos ecos guerreros llevaron el terror a sus corazones.  Las llamas que pronto rodearon a los bandidos en sus trincheras, los gritos de victoria que los ensordecían, y las hábiles disposiciones del heroico jefe, el valor de la juventud orgullosa bajo las órdenes del vencedor de la Victoria, pusieron en vergonzosa fuga a los hijos de la noche y de su socio, el crimen.  Una Carga de Caballería intento Rosete por el costado izquierdo de los republicanos, pero arrollados por el Teniente Coronel José María Jiménez y por el General Montilla, los pusieron en fuga y huyeron en todas direcciones, dejando mucha gente de la suya herida o muerta; armas, ganado y caballos; dos horas duro el combate.  A los cinco días de haber sido sorprendidas las tropas republicanas en el Tuy, la Patria estaba vengada.  El admirable Ribas había alcanzado el más brillante triunfo sobre Francisco Rosete en la Villa de Ocumare el día 20 de marzo de 1814.

 
Batalla de Carabobo


       Rosete escapo despavorido, llevando consigo algunos pequeños grupos de Jinetes bien montados.  Ribas que quería destruirle, envió contra el por el Camino de los Pilones, a Montilla y a Leandro Palacios, ya en los Pilones vía que conduce a los llanos, el día 22 en plena persecución y en horas de la tarde, y justamente en el alto de los Pilones, miraron con gran sorpresa, los de la columna Patriota, flameando la bandera tricolor a la cabeza  de un Cuerpo de Tropas que a marcha forzada venían a su encuentro.  Sobre la marcha se formo en columna cerrada la infantería la infantería vencedora de Ocumare desplegando también su hermoso pabellón que imponente ondea y bate el viento.
Serenas y en mayor orden se acercaron las dos columnas, solo hacen alto cuando están a tiro de fusil, con la precaución que el caso requería se hacen el reconocimiento, del que resulta con general alborozo que los  dos campos son hermanos.
Las bandas marciales llenan el campo con los acordes bélicos acordes de las más alegres dianas, y el guerrero concierto llega más allá de las montañas en ondas sonoras, la buena nueva que el ejército republicano del oriente llega en auxilio del centro.
Juntas las columnas llegan a Camatagua, campamento del General Mariño, donde llegaron al amanecer del día 23.  Allí recibieron los caraqueños el brazo fraternal de los orientales.
El 27 emprendió marcha el ejercito unido, fuerte de cuatro mil hombres y el 30 acampa en “Boca Chica”, sitio donde toma posiciones para esperar a Boves el Incansable, caudillo español, que desde Villa de Cura va a encontrarles a la cabeza de cuatro mil soldados de las tropas mas aguerridas del ejercito realista.
El 31 de marzo a las 9 de la mañana comenzó aquella célebre y memorable batalla, que es una de las páginas más gloriosas de la historia de la Patria, en que los soldados republicanos lucharon sin descanso hasta las seis de la tarde, y en que destrozados los realistas se retiran del campo, dejando la palma de la victoria en manos del jefe oriental.



   OTRA VEZ OCUMARE

Ribas, después de dar arreglo y auxilio a los infelices ocumareños, vuelve a Caracas donde recibe el titulo de Invencible, en eso días de Júbilo se oye una composición de Lino Gallardo cuya letra en aires marciales dice así:
Cantad him –nos triunfante
Al invicto, al valiente campeón
De Rosete el espanto y asombro
De Ocumare otra vez vencedor.

En toda la acción de guerra, bien sea batallas o escaramuzas, siempre hay actos heroicos, pero si llegase a sumar  se logra un total de sacrificios en aras de un ideal, en este caso el de la libertad.
Lo que a continuación vamos a narrar, son hechos de heroicidad hechos por niños, cuyas edades están comprendidas entre 13 y 14 años, lo que viene a demostrar una vez más la capacidad de combate, de sacrificio y de amor por la libertad que ejerce la juventud, digamos la niñez, por la Libertad.
“Cuando Rosete se extasiaba ante la presencia de centenares de cadáveres mutilados en las calles, plazas y templos de Ocumare, uno de sus compatriotas, de Canarias, Bartolomé Trujillo se presenta simulando ira, y dice:
--Aquí traigo a mi hijo para que Ud. Lo mande a fusilar por insurgente, por patriota. Era un joven de 14 años, pálido, enfermizo, abatido, el cual escucho la sentencia del padre con estoica imposibilidad,  Sospecha quizás cual iba ser su suerte, y juzgo que con la serenidad la realzaba ante la presencia de su verdugo.  Rosete al escuchar aquellas frases terribles, se sobrecoge, e indicando al joven que entrara, evade la contestación, ¿le sacrifico? No: el crimen también tiene su lógica inexorable.  El muchacho al hallarse como perdonado, trata de escaparse y alcanza los montes vecinos.  Cuando días más tarde El General Ribas toma Ocumare, un joven descarnado, se presenta a los vencedores, era el hijo de Bartolomé Trujillo que buscaba  amparo entre sus conmilitones.  Uno de los testigos de este hecho lo describe de la siguiente manera:
“Un joven de 14 años, pálido, macilento y descarnado, se presenta a mi vista”.
“¿Quién eres infeliz? Le pregunte”
“Yo he escapado del suplicio, me responde; he vivido de troncos de árboles, escondido en los montes.  Mi padre me entrego a Rosete para que me diera muerte por ser adicto a la causa de mi Patria.  El monstruo se sobrecogió de espanto ante tal demanda y me dio la vida: yo la he salvado en medio de los bosques”.
Cuando le presentaron a Rivas el hijo de Trujillo, le dio colocación en el cuerpo de carabineros patriotas.
“En las tempestades de la naturaleza, tan necesarias al sostenimiento de la vida, tras la noche caliginosa viene la luz y las sonrisas de los cielos. En las tempestades sociales no siempre impera la virtud. Comprendemos a Creso estrechando a su hijo contra su corazón, después de que este le salva la vida”.
Y comprendemos también al monstruo que entrega a su hijo al sacrificio, en obedecimiento a odios políticos.  El amor filial que se había exaltado en un caso, en presencia del peligro, recibió la luz del cielo y la bendición de Dios: en el otro, el amor paternal era dominado por el odio y el rechazo por el mismo crimen.
Otro de los jóvenes héroes de la acción de Ocumare, fue el pequeño en edad, pero grande en valor, Esteban Herrera Toro.  Veamos una pequeña semblanza de este joven caraqueño.
Capitán Esteban Herrera Toro.  Ilustre prócer de la independencia, nació en Caracas hacia 1799.  Fue uno de los jóvenes estudiantes que tomaron las armas para defender la Republica en 1813.  Combatió en el sitio de Puerto Cabello a las órdenes de Bolívar, en Bárbula y las Trincheras con D´Eluyar y Urdaneta, y participo de los combates de Vigirima y Araure.  Fue de los 300 héroes  que puso el Libertador a las órdenes de Montilla, en 1814, para marchar, a bandera desplegada y tambor batiente, y a vista de enemigo, hasta combatir con Rosete bajo el comando de Ribas.  Fue del grupo que cinco días antes del sacrificio de Ricaurte en San Mateo, quitaron al enemigo realista una pieza de artillería; y como se distinguiera entre los jóvenes por su denuedo, Ribas le premio con el grado de Capitán y la banda de Edecán después de la acción de Ocumare del Tuy.  Emigro a Oriente y vuelto a las armas en 1821, con Bermúdez sitio y tomo a Cumana.  Se Retiro en 1828 del servicio activo y murió en Caracas en 1864.
Cuando recibió en Ocumare el grado de Capitán solo tenía 15 años.








Referencia:

El Valle del Miedo y su Patrono San Diego de Alcalá; Segunda Edición, Juan José Flores, mes de Noviembre 1984. Solo se Imprimieron 2.000 ejemplares.


JOSE DE OVIEDO Y BAÑOS. Historia de la Conquista y Población de las Provincias de Venezuela.
TELASCO MACPHERSON. Diccionario del Estado Miranda.

ANIBAL LAIDERA VILLALOBOS. Crónicas de Ocumare.

MARCO AURELIO VILA. Aspectos Geográficos del Estado Miranda.

RAMÓN ARMANDO RODRÍGUEZ. Diccionario biográfico e histórico de Venezuela.

Dr. ARISTIDES ROJAS. Leyendas Históricas de Venezuela.

Dr MIGUEL DEL TORO RAMÍREZ. Genealogía de los Marqueses del Toro.